Cuando la realidad y el deseo del individuo esta coaptada o se siente amenazada por una sociedad que representa el poder a través de imposiciones institucionales, legislativas o axiológicas, este busca mecanismos que reorienten nuevamente sus propios proyectos para realizar lo que verdaderamente quiere ejercer. Una de las estrategias que el individuo a utilizado para lograr alcanzar sus deseos es la de conformar y participar en grupos que tienen, como condición anticipada, la empatía y objetivos comunes, así como la de encontrar seguridad, pertenencia y afecto, respeto y auto-realización, elementos que son indispensables para la cohesión y la unidad.

Para lograr la iniciativa de llevar adelante la participación grupal, consideramos que es necesario detenernos previamente en dos elementos importantes: el poder, esencialmente represivo, representado a través de las actividades políticas, sociales y axiológicas; las cuales repercuten en los ámbitos del conocimiento, de la educación y en la esfera familiar. Como segundo punto, es el impulso del individuo por ejercer su autonomía, para la realización de sus deseos y sublevarse ante el poder implícito de la sociedad. No hay una conciencia por romper con el dominio social hasta que se encuentra la creatividad y el sentido propio que el individuo desea poseer; en el que se adquiere una conciencia del yo, permitiéndose, entonces, la libertad de ejercer libremente y con sentido sus deseos, ideales y objetivos.

En este trabajo hacemos referencia a algunos factores adversos, propias de la localidad, que inciden en las decisiones que toman los posibles prospectos a estudiar teatro y de los egresados que se enfrentan a la incertidumbre laboral, así como pérdida de identidad y de sentido. Elementos adversos que, finalmente, impulsan a que el individuo adquiera consciencia  su autonomía y a la formación de grupos; dando como resultado nuevos públicos interesados por las actividades teatrales.

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Jaime Torija Aguilar